domingo 12 de octubre de 2008

LLO V(e)ÍA

Habia llegado la hora de escuchar
sonidos ritmicos, lluvía inmune conocida tal vez por el tiempo como un gran vendabal que azotaba la ciudad sin necesidad de movimiento.
Todos dormian y parecia mentira estar despierta, con los ojos semi abiertos tratando de ocultar la leve sombra que aparecia en el retrato de la pantalla del televisor.
La ventana abierta, la brisa ecuanime y la imagen angurria de un suceso ocurrido, tal vez una hora antes, o un dían antes, o unos meses antes en el tiempo cronologico de su poca juventud.
No me mires, que sólo veo transparencias y no me hables no tendría sentido escuchar silencios, nisiquiera tendría sentido dejar al silencio participar de la conversación individual que azota diariamente mi mente por encontrar una respuesta o un final repetido, y abdominable.
Sería tal vez buen intento tocarme, y no encontrar solo piel suave y movediza, al contrario, encontrarme a MI, sería realmente perfecto.
Y no habia llegado la hora aún de dejar de escuchar sonidos ritmicos, y me mojaba con la certeza del frío y de la noche que opaca cualquier duda para volverla argumento que muy pronto y más fácil que dificil se volverá en absurdos cuando aparezca el sol, y se reuna con las nubes celestes que se maquillan de negro en las tristes visperas del ocaso.
Cierro la ventana, y no sólo para dejar de mojarme, sencillamente necesito algo de calor, de prudencia, necesito esa piel derretida ante la debilidad enardecida y behemente del frío.

Y como de repente, los odios dejan de escuchar, y los sentidos dejan de sentir, finalmente el sueño apaga los pensamientos, y los ojos se van a dar vueltas y a bailar con la imagen en blanco e invisible de un sueño que nunca se termina por completar.

aunque no lo crean ese día que LLOVIA, soñé que YO VEÍA.